viernes, 19 de octubre de 2012
Ignoro como se sentirían ustedes pero yo me sentí estafada,me quitaron las seductoras colas de caballo,las trenzas que alcanzaban un largo de cintura,mis adorables tocados que adornaban mi silueta.La virginidad de mi melena era la admirable y codiciosa de las mujeres, sin ningún tratamiento alguno, era brillante como el cristal,ligero como la luz.
De un color azabache cegador que al caminar danzaba entre mis hombros como si fuese una bailarina interpretando ¨El lago de los cisnes¨,aunque con está ocurrencia se trataría de un cisne negro aislando el protagonismo de la malvada,pero asombrosa semejanza con un bobo cisne con su plumero fino,uniforme y delicado con las misma cualidades y condiciones que mi entrañable cabello.Su esencia fue desplumada con tanta acierto y rapacidad,sus virtudes de bendito se desperdiciaron en manos desalmadas.
Los espejos de mi casa fueron descolgados,su cristal reflejan un desconsuelo de inutilidad,la nostalgia me mortifica en un recuerdo despojado a la fuerza,donde mi adoración insondable no fue la adecuada para que hoy este conmigo como la corona de la dama o el adorno de la doncella.
Mi belleza y elegancia se disipo en aquel apagado lunes de la semana pasada,caminaba por las veredas de mi barrio en un atardecer otoñal concibiendo sonidos con las hojas secas que se quebraban en un paso ligero.Me dirigía a la mercería, tenían unos sombreros deslumbrantes de tela de fieltro con cintas de satén que me habían
seducido para utilizarlos en alguna noche de celebración ,hasta que de inmediato me sentí imposibilitada a continuar en mi presuroso trote ,por mi maldita generosidad o por la detestable secuaz que participo en mi arrebato, una mujer insignificante, baja, de aspecto desprolijo ,me detiene con el pretexto de que la ayude a bajar el cochecito vació y por lo cierto muy pesado hacia la calle,porque sus brazos estaban imposibilitados por estar inmersa en un tratamiento de quinesiologia , al acceder al pedido me rodean unos brazos macizos y robustos a el cuello, asfixiándome en la ultima bocanada de aire apacible que había apresado,mis ojos parpadean a una vista lejana y las sombras de la mujer alejándose velozmente en una dirección planeada y mi cilindrado cogote sofocado en un horror que aun no finaliza.
Su esquiladera herramienta tajando mi trenza,los sonidos de las cuchillas de acero son ecos de mi actual susto y la insoportable idea de saber que va adquirir fortunas cuando lo traicione en alguna venta informal.El hurto de mi Cisne no lo admito,solo espero los cuartos creciente de la luna y agradezco la fortuna de tener un sombrero nuevo que disimule la tajadura...
Milena.
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Hesmoso escrito!
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