martes, 23 de junio de 2009

Cuatro ruedas.


Primeros rayos de sol que iluminan mi rostro reflejado en mis ojos mientras camino 4 cuadras y media con la cabeza gacha, con los ojos entreabiertos y los pelos alborotados, donde mis piernas sienten la sensación de quebrarse para quedar quietecitas sobre cualquier sector de esas calles, donde mas de una vez aquel macetero con plantas salvajes y arbustos rojizos me han tentado en querer hacerle compañía sobre algún ángulo de el. Pero mi primer objetivo de los días hábiles de la semana es llegar a la calle España y poder apoyarme sobre aquel poste de luz en la espera de mi traslado de cuatro ruedas, donde siempre algún cartel llama de mi atención, carteles en busca de alguna mascota perdida u ofrecimiento de alguna actividad extraarticular. Mis ojos se centran en esas palabras, mientras me mantengo erguida con ansias de observar a la lejanía aquel colectivo de colores azules con detalles en blancos de numeración 184.Los colores del cielo van cambiando y el aire es fresco, para no decir puro.
Pude observarlo como viene con su paso lento llegando hacia mí, mientras estiro el brazo para poder subir aquellos dos escalones y poder apoyar todo mi cuerpo sobre algún asiento en la espera de mi primer destino.
Relojeo hasta el ultimo recoveco para poder ubicarme, era tanta la cantidad de masa de gente, que el aire se pierde, los colores del cielo se olvidan y la armonía obtenida cuando observaba los carteles se perdía fugazmente.
Era sostenerse sobre algún pedacito de mango de un asiento, donde sin querer tocas la mano de alguna mujer que te observa como si estaría invadiendo su lugar, cuando lugar no había.
Donde los bolsos los llevas adelante, donde metes panza y respiras hondo, donde te concentras en tu propio sueño (aquel, que te encanto) y lo repasas mas de una ves en tu mente para poder sonreír aunque sea un segundo frente a tanta incomodidad. Creo que realice una corografía casi perfecta, un equilibrio envidiable arriba del colectivo y una concentración inusual.
Me sostenía la propia presión de la multitud, me libere en cuanto doblo, porque ahí quedo demostrado que caer no me iba a caer, que sentar no podía, que mi sueño había sido hermoso, que el sol estaba asomándose con intensidad (lo pude observar cuando una mujer de cabellos largos se acomodo en su asiento y libero la ventana por un momento). Entendí que no siempre puedo obtener lo que deseo pero si puedo mirar con otros ojos lo que antes ni observaba.
Asíque 184 podes venir repleto, sin una rueda o a la hora que quieras, que yo voy a seguir repasando mis sueños dentro de vos y te voy a dejar restos de ellos en ti.



Mile

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